La doncella de hielo Autor: Behm Marc


Título del libro: La doncella de hielo

Autor: Behm Marc 

Idioma: Español

Acerca de La doncella de hielo
“¡Guíanos, monstruo, te seguiremos!” La Tempestad El monstruo, sentado en una cloaca, repantigándose en un lodo inmundo, rememoraba el bosque. El bosque, los lagos, los salvajes … ¡Maldición! ¡Aquello había sucedido hace mucho tiempo! Los Mohawks, Los Oneidas, los Sénecas … Frunció el entrecejo. ¿Por qué? ¿Por qué cavilaba con aquellos pensamientos indios? Atisbó a su alrededor, los zorrunos ojos relumbrando. ¿Por qué? Era un ser vil y hediondo, la barba y el pelo le llegaban a la cintura, y su gastado abrigo se hallaba empapado en barro. Pero ya estaba a salvo. Seguro. La alcantarilla era un refugio, un interminable laberinto hecho a la medida de varias docenas de Minotauros. Podría ocultarse allí durante toda una eternidad. Quizá fuera esa la explicación de sus recuerdos. La alcantarilla, sí. Y el bosque … Refugios … Seguridad … Los Hombres del Fango … Eleanor … La picota … ¡No, no! ¡Un momento! ¡Se trataba de otro bosque en otro siglo! ¡Se estaba embotando! ¡Vino! ¡Necesitaba un vaso de vino …, no, todavía no …, más tarde! Antes de irse a dormir se zamparía una rata y tomaría unos tragos de Clos Vougeot …, pero por el momento se daba por satisfecho con meditar apesadumbrado sobre aquellas confusas remembranzas. ¡Maldición! ¿Qué sentido tenían? Había llegado al Nuevo Mundo en el siglo dieciséis … No, en el diecisiete …, sobre 1620, sí … Se humedeció los gruesos labios, concentrándose furiosamente. Antes de aquello estaban Nottingham …, el cenagal …, los masacrados Arqueros Reales …, Jaime I, el cabeza hueca … Luego aquella horripilante travesía en tres lanchas de pesca que hacían agua. Eso es, así que los indios provenían de 1620 aproximadamente. ¡Rayos y truenos! ¿Por qué se hallaba su mente tan aturdida? Por lo general, era capaz de articular pensamientos más agudos que ese. ¿Se estaba volviendo senil? ¡Qué vergüenza! Quizá un sorbo de vino le aclararía la cabeza .. No …, el vino no … ¡Indios! Los indios andaban merodeando por su pobre y gastado cerebro y debía hacerles frente sobrio. Así, pues. La frontera del lago Ontario. Aquello ocurrió en el siglo dieciocho. Los colonos se habían mostrado cargantes, pero los iroqueses lo dejaron solo. Le habían dado incluso tabaco de vez en cuando y le permitieron dormir en paz en sus reductos y lugares sagrados de enterramiento durante meses y meses. A cambio, él nunca atacaría a ninguno de sus guerreros y mujeres. ¡Por cierto que no! ¡Habría sido una auténtica locura! Lo toleraron sólo a causa de que todas sus víctimas habían sido sus enemigos … Los blancos franceses, americanos y canadienses y los Wiandots y Mingos del lago Erie. Anthony había adorado a aquellas jovencitas Mingo de pura sangre.

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